Days of Being Wild (1991)


Destinos cruzados
Por Casandra

Paredes descascaradas, calles desiertas, lugares sucios y poco iluminados. “Days of Being Wild” construye una atmósfera que significa a la par de la historia. Ambientada en la década del sesenta en Hong Kong, cuatro personajes viven amores cruzados, empujados por un destino que los sobrepasa y dicta las condiciones que determinan sus vidas.


Wong Kar-Wai construye un melodrama perfecto. El film une los topos fundamentales del género, como son la identidad -en especial para los personajes masculinos- y los amores imposibles. El toque del creador permite ahondar en las historias y sus problemas sin cargar de patetismo el desarrollo. Sus personajes aman y sufren pero sin sentimentalismo.


La puesta en escena tiene un peso similar o mayor al de la historia. Los objetos se cargan de sentidos, mutando según las vueltas de la trama. Los relojes en escena señalan el momento de la espera, la maduración de una relación o su fin. El tiempo, señalado por relojes, carteles que indican el paso del tiempo o simplemente por la música, aparece como un punto central para Wong Kar-Wai.


Las historias se narran desde los puntos de vista de los cuatro personajes principales y de la madre de Yuddy. El espacio de cada uno de ellos caracteriza a su personaje: el camarín de Mimi (Carina Lau), plagado de brillo y espejos que subrayan la apariencia como elemento central para ella; el departamento de Yuddy (Leslie Cheung), casi en ruinas como su propia vida. Tide (Andy Lau) no tiene espacio propio, atraviesa calles, bares, estaciones de tren, todos lugares de tránsito que dialogan con su situación personal y profesional. Su Lizhen (Maggie Cheung) está encerrada, personal y espacialmente: detrás de un mostrador, de rejas, de una ventanilla. La casa de la madre de York acumula cortinas, aludiendo al velo puesto sobre la historia de su hijo, así como los espejos funcionan significativamente en los momentos del reconocimiento de las verdades no dichas. Los cuatro actores centrales ofrecen excelentes interpretaciones, en una película coral donde la sencillez y la calidad de su trabajo expresivo sorprenden.


Como en otros de sus films, Wong Kar-Wai hace gran énfasis en fotografía, en la primera colaboración con Christopher Doyle, construyendo los espacios a partir del uso del color y la luz. “Days of Being Wild” es otra excelente apuesta de Wong Kar-Wai, que conjuga una historia consistentemente narrada con una puesta en escena cuidada hasta en el mínimo detalle. El cine de Wong Kar-Wai desarrolla una poética única, y cada film enfrenta al espectador a un universo nuevo de gran riqueza artística.

1 comentario:

Juniper Girl dijo...

Muy acertada la critica o reseña. Yo hice un trabajo sobre algunas películas de este director y también llego a conclusiones similares. Excelente