Silsiilay (2005)


Tres mujeres, un hombre
Por Casandra

Tercer film del director Khalid Mohamed, “Silsiilay” presenta tres historias que tienen como protagonistas a mujeres en un momento de crisis afectiva en sus vidas. Zia (Bhumika Chawla) es una estrella de cine que fue abandonada por su pareja, Anushka (Riya Sen) debe decidir entre dos hombres que se interesan por ella y Rehana (Tabu) debe enfrentar la verdad sobre su matrimonio.

Khalid Mohamed incorpora a Shahrukh Khan como narrador de las historias. Khan presenta los personajes y hasta se permite hacer algún comentario sobre la situación de estas tres mujeres. La elección de la figura del narrador presenta el problema de la ruptura del ritmo del film, pero deja en claro que el director privilegia la transparencia de sentido antes que la fluidez del relato. Contra esto último conspiran también algunas canciones, en especial, en el tercer episodio.

El film adopta un tono que va de la comedia de enredos en la segunda historia al drama en el tercer episodio, mientras que el primero se queda a mitad de camino. De los tres, el episodio de Rehana es el más logrado, tanto narrativa como visualmente. Tabu encarna a su Rehana con la sutileza de los grandes actores, y logra transmitir todas las emociones de su personaje con gestos mínimos. Riya Sen ofrece frescura y naturalidad a su inocente Anushka, mientras que Bhumika Chawla construye a su Zia como un personaje neurótico e irritante.

La concepción visual propuesta por Santhosh Sivan resulta el punto más interesante de la película. Cada episodio y cada mujer tiene un color que los distingue, y la puesta en escena se construye en base a este diseño.

En líneas generales, es un film que escapa de algunas convenciones del cine de Bollywood, presentando diálogos directos y realistas. El tema de la libertad con que manejan sus cuerpos en una sociedad tradicional es central en las tres historias. Aún así, resulta curioso el hecho de que estas historias de mujeres que deciden hacerse cargo de sus destinos sean narradas por un hombre. Es a través del presentador que accedemos a ellas, lo que marca el límite de esa supuesta libertad. Esto parece indicar que la mujer sigue siendo personaje, pero aún no puede narrar su historia.

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