One Nite in Mongkok (2004)


Thriller de ritmo vertiginoso
Por Casandra

La muerte del hijo de un jefe mafioso a manos de un miembro de otro grupo desata la venganza. Tim, el padre de la víctima, contrata a un asesino a sueldo que toma a una prostituta como guía en la ciudad. Mientras tanto, la investigación policial busca frenar el conflicto evitando el asesinato. Hasta aquí, la historia no parece ofrecer nada nuevo. Y tal vez no lo haga, pero “One Nite in Mongkok” es un sólido thriller que atrapa al espectador desde el comienzo.

Derek Yee construye una trama que sigue dos líneas de acción, la búsqueda de los policías y las peripecias del asesino y la prostituta. Ambas se desarrollan paralelamente, confluyendo en varios momentos. El desarrollo de los personajes desde el guión y las actuaciones es uno de los aspectos destacables del film. Yee no cuenta una historia de buenos y malos, sino que introduce matices, mostrando la ambivalente moral del asesino y de los policías.

El guionista y director se detiene en detalles que agregan profundidad a la historia, marcando aspectos como los problemas idiomáticos entre el mandarín y el cantonés, que ayudan a su contextualización. Esto no resta ritmo a un relato vertiginoso que crece minuto a minuto.

La ciudad de Mongkok ofrece el escenario perfecto. El retrato de Yee focaliza su atención en el costado peligroso y sórdido de Mongkok así como en su superpoblación, aspectos que pone de manifiesto gracias al uso de la cámara en mano y de los de ambientes pequeños que transmiten una sensación de ahogo.

Todas las actuaciones tienen gran nivel, incluso los actores que interpretan papeles menores escapan a los estereotipos del género. Daniel Wu, como el asesino a sueldo, logra transmitir la seguridad que le brinda al personaje su oficio en la primera parte del film, y la creciente confusión con el correr del tiempo. Cecilia Cheung es la prostituta de buen corazón, pero construye un personaje donde se mezcla la bondad con el interés, mientras que Alex Fong crea un oficial Milo de una ambigüedad inquietante.

Así, la suma de un buen guión, excelentes actuaciones y una puesta en escena que cuida cada detalle, da como resultado un film que entretiene y obliga al espectador a mantener la atención a lo largo de sus casi dos horas.

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