Zatoichi meets Yojimbo [20] (1970)


La guerra del oro
Por Fingolfin

No puedo negar que desde que cogí por banda la primera película de la saga, he estado esperando el momento de llegar a esta. Presentada también con el título de “Zatoichi vs Yojimbo” me recordaba en cierta forma a los films modernos estilo “Alien vs Predator” o “Freddy vs Jason”; heroes o protagonistas de conocidas películas que se enfrentaban en una sola. Es un estilo muy utilizado también en los comics de marvel y otras editoras americanas que siempre terminan mezclando los personajes de sus obras.

Es curioso que si en esta ocasión era Toshiro Mifune el que se ponía como personaje secundario de Shintaro Katsu, en “Incident at Blood Pass” (dirijida por Hiroshi Inagaki ese mismo año) se produjera la situación contraria. Aparte de estas dos ocasiones nunca los he visto juntos, y tampoco estoy muy seguro de que lo hayan vuelto a hacer.

Pues bien, después de esta introducción lo primero a mencionar es que el Yojimbo que aquí tenemos, no guarda la similitud exacta con el que Kurosawa creó en 1961. En la lista de características compartidas tendríamos su habilidad con la espada, su sexto sentido para sacar dinero de todas partes, y un cierto carácter despreocupado. En contra, podemos ver una actitud salvaje y desmedida (al estilo Mifune años 50), llevando la interpretación hasta el límite del realismo pero sin sobrepasarse. El Yojimbo de esta película, más que un ronin inteligente es un maleante, y posteriormente su identidad se modificará aún más a partir de un momento que comentaré después.

Sinopsis: Zatoichi, cansado de matar, decide volver a su pueblo favorito después de recordar lo hermoso que era estar allí. A su regreso todo ha cambiado, el que antes fuera el jefe del lugar ahora es un viejo fabricante de budas de piedra, y el pueblo se encuentra bajo el control de un comerciante. Su hijo menor trabaja haciendo monedas para el Shogunato y según los rumores le envía cantidades de oro periódicamente. Tras la búsqueda de ese oro está Yojimbo, el hijo mayor del comerciante, y posteriormente también Zatoichi.

Antes de comenzar con la valoración, quería decir que ya hace 5 meses de la primera vez que la vi. Si hubiera escrito la crítica en aquel momento probablemente sería mucho mas pesimista de lo que va a ser esta, ya que mis expectativas de la combinación Okamoto-Mifune-Katsu eran enormemente altas. Después de verla de nuevo tendré que admitirle mérito en bastantes aspectos.

El argumento se presenta interesante durante la primera hora del film, con una fluidez apabullante y unos personajes con perfiles para todos los gustos. Se combina muy bien el sentido del humor de Yojimbo con algunas pataletas de Zatoichi, que me recordaron enormemente a las que tuvo en “Zatoichi and the Doomed Man” cuando Hyakutaro le suplantó el nombre.

Las falencias llegan justo con la aparición de Kuzuryu, interpretado por Shin Kishida (que anteriormente ya había estado al servicio de Kihachi Okamoto en “Kill!” y “Red Lion”), que pese a ser un personaje bastante interesante, hubiera quedado bien fuera del film. Y es que una de las características fundamentales de la saga es la media de duracion de 85 minutos, que la convierten en un atractivo para entretenimiento rápido. “Zatoichi meets Yojimbo” dura 116 minutos, y es una pena que pudiendo haber recortado a este personaje se tuviera que alargar tanto. A raíz de su aparición, como se suele decir, “se desvela el pastel”. Se descubren las verdades y las intenciones de todos, y comienza un largo desenlace.

La acción queda muy lejos de aquellas maravillas bajo la nieve con las que Okamoto nos deleitaba allá por mediados de los 60 en blanco y negro, y aquí abusa demasiado de los planos cortos. Resalta el detalle de que la espada de Zatoichi sea mas larga de lo acostumbrado y con una vaina bastante fea (nada más comenzar el film se le rompe la suya por tercera vez en la serie).

La película no deja de ser una muy buena elección dentro de la filmografía de Zatoichi, pero quizás se aprecie mejor en el segundo visionado que en el primero. No deja de ser recomendable disfrutar de Katsu y Mifune en un mismo fotograma.

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