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Café Lumiere (2003)


Buscando nuestro Café
Por Kino no Youko

Me reconozco inepto. Es para mí matemáticamente imposible comentar “Café Lumière”. Es un film que posee un contexto vastísimo, imposible de recrear en un par de párrafos, sin embargo, es un desafío poder entregar mi opinión de esta obra cinematográfica.

Cualquiera que investigue un poco del origen de esta película descubrirá que corresponde a una suerte de homenaje a uno de los grandes del cine asiático, me refiero a Yazujiro Ozu. Concretamente, el film tiene mucho de “Tokyo no yado”, conocida como “Historias de Tokio” -entre otras obras de este director-; donde la métrica fílmica, el sustrato de planos, escenas y encuadres posee el toque del gran maestro. Por si cabe alguna duda del homenaje que el taiwanés, Hsiao-hsien Hou hace a Ozu, la película fue estrenada en el centenario de la muerte del maestro, siendo Ozu por muchos comparable a Kurosawa, pero situándose en el límite del cambio de siglo.

El homenaje no sólo se enmarca en lo estilístico, sino también es su línea argumental. Temas como la incomunicación en la familia, los vínculos matrimoniales hoy en día, el compromiso, la responsabilidad social, etc. son temas recurrentes en Ozu. Y de alguna forma, Hsiao-hsien los hace presente en “Café Lumière”.

El tren parece ser una vez más como en otros films, un tema de interés, una señal que nos guía la mirada en la película. Pero esta vez “el tren” no es visto como una línea temporal -como por ejemplo puede interpretarse en “Peppermint Candy”- sino que esta vez esa mole de fierros y ruido es lo que nos azota en una realidad desnaturalizada, deshumanizada y fríamente individual. Probablemente los trenes en sí mismos sean los lazos afectivos. Lazos que cada vez más cuesta entablar, no sólo con desconocidos, sino también con nuestros propios seres queridos; tal y como se ve en la película.

Siendo breve, la trama muestra la vida de Yoko (Hitoto Yo), una joven que por bastante tiempo estudió y trabajó en Taiwán y desea ser escritora. Tras minutos de cinta, les confiesa a sus padres que será madre, y que no quiere casarse. Poco a poco surgen las verdaderas motivaciones de la chica, quien está en una ferviente búsqueda, hurgando en el pasado, con el fin de dar con la vida de músico compositor taiwanés que vivió en Japón décadas atrás. Otro de los protagonistas es Hajime (Asano Tadanobu), quien es su mejor amigo. Pese a trabajar en una modesta librería, su verdadera pasión-que comparte con Yoko- son los trenes. Juntos ocupan su tiempo libre en grabar los sonidos de las cadenas y el ambiente de cambio de estación ferroviaria que se encuentran a lo largo de Tokio.

Es importante notar que el único punto de unión en la película -tanto en relaciones familiares como en amistad o afectivas- son debido al vínculo directo o indirecto de los trenes. Esto, por sí mismo, reafirma su significado de símbolo que genera lazos comunicando personas en el film.

En suma y bajo estos aspectos, “Café Lumière” comienza a despegarse del deslavado homenaje que mucho del cine mundial nos tiene acostumbrados: re-estrenos de películas sin ningún aporte constitutivo. Esto, afortunadamente no ocurre aquí.

El film se eleva del estricto homenaje, entendiendo que una copia de códigos, trama, forma y visión de hacer cine, es una ofensa contra un gran director. Hsiao-hsien además de reconocer el legado de Ozu, a su vez propone.

Hsiao-hsien no busca recrear a un Ozu en el film. No busca cámaras fijas, encuadres estrictos; en definitiva, no busca pureza… busca una historia, busca algo que contar.
Ozu, es para muchos un hacedor de cine, no un director. Cual artesano torna realidad. Simple, minimalista, sin adornos ni adjetivos. Su esencia; la pureza.

Hsiao-hsien, busca un mensaje. Busca una señal con la cual guiar. Busca tan afanosamente que es probable que con nosotros también él busque en el film. Cámaras, planos conjunto, y pocos, muy pocos primeros planos son algunas de sus herramientas en la representación de no tener nada concreto, nada seguro ni sólido ya que es ese precisamente su objetivo.

Café Lumière, al igual que la vida de Yoko, es una constante interrogante. No reivindica, ni toma partido, sino que sólo busca. Escudriña un punto de unión -así como lo hacen los trenes- pero esta vez, un punto que sea un puente entre generaciones, afectos, experiencias… en suma, que una personas.

¡Queda tanto por hablar!… Cuando la vean cuenten y relacionen cuántos primeros planos hace, noten que muchas veces la cámara parece ser un niño ocultándose y saliendo a hurgar el mundo… Noten que no es casualidad que Yoko esté embarazada y que los trenes confluyan en agua; lo cierto es que así como el tren, ese niño de igual manera esta rodeado de líquido… Vean el dibujo del Notebook, vigilen los sueños que Yoko cuenta…

Presten atención a la hora 4:05 minutos… Hay muchas cosas que contar y decir; pero sería muy poco apropiado que cuente lo que los ojos deben observar… Al momento de ver el film, todo estará en nuestra contra; escenas largas, planos desgastantes, y al último: Esperanza. Finalmente debemos buscar ese café, tranquilo, y casi mítico. El “Café Lumière”, que nunca llega, pero siempre juega como niño ante nuestros ojos.

Este film corresponde a una película de festivales, para muchos un tormento aburrido sin razón de ver. Pero les aseguro que para los que siguen el cine de verdad, es un tema obligado a conversarlo alguna vez, en algún lugar.

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