Veer-Zaara (2004)


Sacrificio por amor
Por Casandra

La joven Zaara (Preity Zinta) escapa de su casa paterna en Pakistán para cumplir una promesa que la lleva hasta la India. Allí, un accidente la reúne con Veer (Shahrukh Kahn), piloto de la Fuerza Aérea. Se enamoran, pero el destino los separa y Veer es encarcelado. Veintidós años después, una abogaba pakistaní intentará ayudarlo.

Dirigida por Yash Chopra (“Dil To Pagal Hai” 1997), el film retoma dos topos centrales del melodrama, la identidad como problema y la pareja imposible. El primero tiene varias aristas: por un lado, podemos referirnos a la pérdida del nombre en el caso de Veer Pratap Singh porque durante su estadía en la cárcel pasa a ser identificado como el prisionero número 786. Es interesante notar que 786 es un número altamente significativo para los musulmanes. Como explicita la abogada interpretada por Rani Mukherjee, Allah está en todos los hombres y por ello, todos merecen el respeto que le es negado al protagonista. Por otra parte, la identidad aparece problematizada en los personajes de Zaara y de Saamiya (Rani Mukherjee), dos mujeres que se enfrentan al rol que la sociedad les asigna por su género. Finalmente, el hecho que da comienzo al viaje de Zaara no es más que el pedido de su nodriza de descansar en su madre patria.

El segundo aspecto sobre el que se centra este melodrama es la pareja imposible de Veer y Zaara. El amor imposible entre ellos está atravesado por el conflicto indo-pakistaní. Pakistán, antes territorio de la India, fue creado por los colonialistas en 1947. Desde entonces, ha estado fuertemente ligada a los intereses de países como Inglaterra y Estados Unidos. Motivos políticos como el apoyo brindado por la India a Pakistán del este que concluyó en la independencia del territorio y la creación de Bangladesh, y disputas territoriales como la que gira en torno a la región de Cachemira, han llevado a los países a tres guerras que aún hoy continúan enfrentándolos.

Por otro lado, abundan otros procedimientos típicos del género, como la coincidencia abusiva, el maniqueísmo (los buenos son muy buenos y los malos son malísimos), y cierta vocación didáctica.

La película no evita algunos lugares comunes, pero a pesar de ello, ofrece intensos momentos dramáticos. El relato está focalizado en el personaje de Veer, el héroe bondadoso, decente y enamorado que tolera hasta lo indecible a fin de evitarle cualquier problema a su amada. Zaara es evocada por su voz, cuando decide contar su historia a la abogada. A través de los flashbacks, Veer reconstruye su historia. Este procedimiento está claramente señalizado, para no dejar lugar a dudas del orden temporal de los hechos.

El film cuenta con buenas actuaciones, tanto en los papeles principales de Shahrukh Kahn y Preity Zinta, como en los trabajos de Rani Mukherjee, Hema Malini y el enorme Amitabh Bachchan. Shahrukh Khan ofrece una interpretación sólida en la juventud del personaje y más floja en su madurez, durante el encierro. Preity Zinta crea una Zaara muy vivaz. Rani Mukherjee construye el personaje más sólido del grupo y evita caer en excesos histriónicos. Su personaje, la debutante abogada pakistaní Saamiya Siddiqui, parece la mejor delineada del grupo.

Tal vez lo que conspira para que “Veer-Zaara” sea una muy buena película, es la excesiva duración. Ni los números musicales, ni las buenas actuaciones pueden hacer mucho cuando el guión se estanca. A pesar de ello, el film no deja de ser una buena opción para quienes disfrutan de los dramas románticos.

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