Death Shadows (1986)


La licencia perdida
Por Fingolfin

Otra más del afamado director Hideo Gosha. Me ha resultado muy novedosa en algunos aspectos y me he visto con muchas dificultades a la hora de ubicarla en alguna de las etapas del autor. Sus dos películas mas cercanas eran las estilísticamente parecidas “Hunter in the Dark” y “Kumokiri Nizaemon”, 7 años antes que esta. “Death Shadows” cuenta con un argumento tan cuidado como las dos mencionadas pero reduciendo la duración sustancialmente.

La historia comienza con 3 condenados a muerte a los que se les da la oportunidad de convertirse en mercenarios de la policía a cambio de perdonar sus vidas. Un día, uno de ellos (Yasuke) se reencuentra con su hija después de muchos años y a causa de su debilidad, él y sus 2 compañeros son asesinados, optando ahora la policía por usar a su hija como relevo bajo el mismo trato que tenía él.

Con Hideo Gosha, salvo en sus primeros films, rara vez encontramos argumentos tan simples como el expuesto. Esa sinopsis de arriba es simplemente la presentación de la historia real, donde el enemigo es uno de los clanes mas importantes de Japón. La misión de los “verdugos de las sombras” es conseguir las pruebas suficientes para poder culpar al clan de negocios ilegales y obligar a su disolución.

La primera nota “curiosa” que nos deja Gosha es que los 3 protagonistas iniciales no pueden hablar, ya que el comisario les corta las cuerdas vocales asegurando su silencio y su secreto. Sin embargo el papel comunicativo de Yasuke es importante por lo que se recurre al lenguaje de gestos y a la voz de un narrador que se pone en la piel del actor.

La segunda característica y quizás la mas notoria son los interludios periódicos que se hacen durante el film. Nada más empezar la película aparece una mujer bailando con una cinta de las que se usan en gimnasia rítmica mientras van apareciendo los créditos. Es un detalle parecido al de las antiguas películas de kung fu, cuando un personaje nos entretenía esos primeros dos minutos haciendo movimientos sobre un fondo liso.

El caso es que cada cierto tiempo en algunos cambios de escena se introducen bailes que no llegan al minuto de alguna de las dos protagonistas. Durante todo el film hacen 3 cada una en un escenario lleno de humo y con luces de colores de fondo. Esta técnica es una manera de vencer el defecto que tenía “Hunter in the Dark” y “Kumokiri Nizaemon” que componian 3 horas de monotonía y desarrollo sin interrupción. Da un breve descanso mental al espectador para continuar como si no hubiera pasado nada.

Las coreografias pasan por varias etapas según el tipo de arma utilizada. En principio se utilizan cuchillos cortos con una pequeña bifurcación en la parte de arriba del mango (desconozco como se llaman). En estos casos la acción suele ser muy rápida, con mucha pausa espada contra espada, y en escenarios demasiado concurridos para disfrutar completamente de los movimientos.

Los más destacables son los duelos a espada, coreografiados de una manera que no había visto jamás en el cine de katanas. Las espadas chocan continuamente sin dar la sensación de buscarse descaradamente. La continuidad es enorme y prácticamente no hay pausas aunque se trate de un combate uno-contra-muchos. La cámara es fija y no suele cambiar hasta que acaba la lucha.

Finalmente tenemos los combates donde se ve implicada el arma más curiosa de todas: la cinta. Esa cinta de gimnasia que mencionabamos arriba es la utilizada por Ocho en sus combates, moviendola constantemente en espectaculares figuras y añadiendole un ruido propio del giro de una cuerda.

Dentro de los personajes no he encontrado ninguna actuación destacable. Hay un gran numero de actores que se dividen el tiempo de escena casi equitativamente, no dejando que ninguno se eleve por encima de los demás. Sin embargo no podemos pasar por alto el papel del inspector (conocido como Diablo), que es un loco perturbado con gustos y actitudes excéntricas; y el papel de Orén, que interpretada por Mari Natsuki es la que mejor impresión da. Suele mirar a la cámara mientras habla con los demas personajes y tiene una risa demasiado diabólica que resta calidad a su actuación.

Como valoración final, es un buen film que trata de mostrarnos el submundo de los samurais, manifestado en la corrupción de la policía y los clanes. Como he dicho muchas veces, nunca he encontrado una película de Gosha de la que realmente pueda decir “me encanta” pero con “Death Shadows” he disfrutado al menos de un Gosha muy cercano a mi gusto personal.

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